canto, escribo, y luego existo.

Ya no pinto en un formato...
Ultimamente las imágenes vienen a mi mente y las evito. No quiero plasmarlas para no hacerlas presentes, reales y terminar empolvándolas en una bodega como todas las demás. Lucho contra ellas!

Sin embargo, e inevitablemente, ellas siempre vienen a mí y las atesoro en un cuaderno que está pleno. Explicaciones y esquemas de obras que tal vez, jamás realizaré. Y me conformo con esta secreta escritura mental y dibujos fantasmas que supongo de algún modo, alivian viejos pesares y falsas expectativas.

Dije alguna vez que el amor es un ciclo que - a veces afortunado, otras veces doloroso - dura tan solo tres años y luego se acaba. Luego de ese tiempo o nos hacemos pendejos o, para no ser poco romántica, respetamos amorosamente la rutinaria costumbre quedándonos en él. Con mi “incitador” nunca llegué al punto de acostumbrarme a su amorosa fortuna. Sin embargo, confieso que se arraiga en mí la costumbre de que este desafortunado ciclo dure más de tres pinches años!

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I no longer paint in a format...
Lately, images come to my mind, and I avoid them. I don't want to capture them to keep them from become present, real, and ending up gathering dust in a storage room like all the others. I fight against them!
However, inevitably, they always come to me, and I treasure them in a notebook that is full. Explanations and sketches of works that perhaps I will never create. And I settle for this secret mental writing and ghostly drawings that I suppose somehow alleviate old sorrows and false expectations.  

I once said that love is a cycle that - sometimes fortunate, other times painful - lasts only three years and then ends. After that time, either we fool ourselves or, not to be unromantic, we lovingly respect the routine habit by staying in it. With my "provoker", I never reached the point of getting used to his loving fortune. However, I confess that I find myself getting accustomed to this unfortunate cycle lasting more than just threes damm years!






Lupe Ferrás
Junio 2012
http://www.youtube.com/watch?v=vRSTuT1Pnh4

El beso de Judas
Se ha discutido desde hace décadas respecto a que al arte ya no se le exige que sea una actividad que necesariamente deba mostrar belleza como lo fue en la antigüedad, ni tampoco se espera que cumpla con ser una copia fiel de la realidad, como nos lo explicó Danto. Por tanto y parafraseando, concedamos en que el arte en la actualidad es casi paradigmáticamente impredecible y la encarnación misma de la creatividad y la libertad humanas. Este panorama implicaría que tanto artistas como espectadores no sientan la necesidad de ver las cosas tal como son ni en los formatos acostumbrados, demostrando que el paso de la historia ha producido un cambio en la forma de ver el mundo y de percibir el arte: simple, la mímesis a muerto.

No he conocido hasta ahora crítico de arte o galerista que se precie de tal, que en su discurso no coincida con los planteamientos recién descritos. Es más, parafrasean autores y los repiten como mantras defendiendo las libertades creativas e individuales de los artistas. Sin embargo, esta defensa de la libertad creativa requiere más de un ejercicio. No basta solo con crear, también se requiere de una mediación por parte del espectador: saber leer estas libertades sin importar el color o el tamaño del libro.

Sí. Muchas obras posibles de ver en el “mercado” aparentan ser improcedentes. Sin embargo, las obras también son una invitación a extraer significados, a cuestionarse y a ejercitar la habilidad de contemplarlas como un todo: la detenida observación para la apreciación de un contenido es indispensable para recuperar la peculiaridad de los símbolos presentes en una obra. Da igual si la obra es realista o no, si es mímesis o arrebato, ya que sea como fuere, su factura es una “máscara” que oculta la conceptualización de una idea o “una libertad individual”. Una pintura no es solamente realista o abstracta, linda o fea; más bien utiliza tal o cual código para ocultarse: es paradoja y revelación, es emancipación. Una vez comprendiendo esto, pues, Danto tendría razón.

La única vez que me atreví a mostrar mi obra en un país donde mis códigos culturales eran desconocidos – corriendo el riesgo de una mala lectura – obtuve buenas críticas y resultados. Sin embargo todo tiene dos caras, y a pesar de este aparente primer buen juicio, en innumerables oportunidades se me ha pedido que pinte algo en colores decorativos[1]; y lo más importante, que defina mi obra, que la catalogue y [encasille][2].

Ante este auditorio no vacío mi ego presuroso reaccionó mostrando plumas y colores: definiéndose. Sin embargo, y luego de una silenciosa lucha en su contra, reconocí que mi obra es solamente causa y efecto... ¿será eso, acaso, una catalogación artística?.  No existen en mis trabajos discursos filosóficos o highly conceptual, ni pretendidos manifiestos. Mi pintura es – actividad en sí misma en peligro de extinción - una huella que debería estar a punto de perecer[3]. Mi pintura es una señal que enuncia el mantra de la creatividad y las libertades humanas enunciada por Danto el gurú. Mi pintura no muestra la belleza barroca pasada de moda pero secretamente esperada para incrementar algunas débiles arcas museísticas. Mi pintura libera mi sentir de modo “paradigmáticamente impredecible” incluso para mí, siendo “la encarnación misma de mi creatividad y mi libertad humana”. Ya veré si la ola es lo suficientemente grande para borrarla de la arena o si un cataclismo la petrifica como roca. Pero de momento, tan solo seguiré escuchando la verborragia de mi mente y estampándola secretamente en un viejo cuaderno.

Señores espectadores, por ahora ofrezco en cartelera el show que aboga sobre la libertad creativa llamado “Romper las trampas de las catalogaciones simplistas”, actividad tan artificiosa como el beso de Judas. Una práctica en donde cada etiqueta resulta ser tan falsa como el beso del apóstol vendido por un puñado de monedas.







Lupe Ferrás
Junio  2012


[1] (Es que las galerías no venden libertades individuales o el dolor humano, venden, mayoritariamente, obras color pistachio)
[2] Clasificar personas o hechos con criterios poco flexibles o simplistas (!!!). Fuente: http://lema.rae.es
[3] Para los pocos entendidos, mi ciclo debió durar tan solo 3 años.

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The Judas Kiss


For decades, it has been debated that art is no longer required to be an activity that necessarily has to show beauty as it did in ancient times, nor is to expected to faithfully replicate reality, as Danto explained to us. Therefore, paraphrasing, let's agree that art today is almost paradigmatically unpredictable and the embodiment of human creativity and freedom. This view would imply that both artists and spectators do not feel the need to see things as they are or in the usual formats, demonstrating that the passage of history has brought about a change in how we see the world and perceive art: simply put, mimesis is dead.
So far, I have not met an art critic or gallery owner who prides themselves as such, whose discourse does not align with the aforementioned arguments. Furthermore, they paraphrase authors and repeat like mantras, defending the creative freedom requires more than just an exercise. It's not enough to just create; there also needs to be mediation from the spectator: understanding these freedoms, regardless of the color or size of the book. 

Yes. Many works visible in the "market" seem inappropriate. However, this works also invite us to extract meanings, to question and exercise the ability to contemplate them as a whole: a thorough observation to appreciate the content is essential to recover the uniqueness of the symbols present in a work.  It doesn't matter if the work is realistic or not, if it's mimesis or impulse, because either way, its creation is a "mask" that conceals the conceptualization of an idea or "individual freedom". A painting is not just realistic or abstract, pretty or ugly; rather, it uses a certain code to hide: it is paradox and revelation, it is emancipation. Once this is understood, then Danto would be right.

The only time I dared to showcase my work in a country where my cultural codes were unknown - risking a misinterpretation - I received good reviews and results. However, everything has tw sides, and despite this apparent initial positive judgment, on numerous occasions, I have been asked to paint something in decorative colours (1); and most importantly, to define my work, to label and pigeonhole it.

In front of this not-empty audience, my eager ego reacted by showing feathers and collars: defining itself. However, after a silent struggle against it, I recognized that my work is merely cause and effect... could that be considered an artistic label? There are no philosophical or highly conceptual discourses in my work, nor intended manifestos. My painting is - an endangered activity in itself - a trace that should be on the brink of perishing (2). My painting is a sign that proclaims the mantra of creativity and human freedoms as articulated by Danto, the guru. My painting doesn't display the outdated baroque beauty secretly expected to boost some weak museum coffers. My painting liberates my feelings in a "paradigmatically unpredictable" manner, even for me, being "the very embodiment of my creativity and human freedom." I'll see if the wave is big enough to erase it from the sand or if a cataclysm petrifies it like a rock. But for now, I'll just continue listening to the verbosity of my mind and secretly stamping it in an old notebook.  

Ladies and gentlemen, for now, I offer on the billboard the show advocating fro creative freedom called "Breaking the Traps of Simplistic Labeling", an activity as artificial as the Judas kiss. A practice where every label turns out to be as false as the apostle's kiss sold for a handful of coins.

(1) It's just that galleries don't sell individual freedoms or human pain; they mostly sell pistachio-colored works.

(2) For the few who understand, my cycle should have lasted only 3 years,